El camino...
Soy un chico con cierto grado de espontaneidad, a veces más controlada y otras más repentina. Esta historia comienza en uno de esos puntos de espontaneidad repentina y de la pasión por hacer camino. En cierto modo, esto no estaría del todo completo si no me viera empujado por la inquietud de querer conocer más allá del mundo que me rodea a diario y vivir empapándome de otros estilos de vida. Soy consciente que vivo rodeado de historias apasionantes que ni me molesto a menudo en querer conocer y justo desde ahí es desde donde empieza a girar el motor que me mueve, el querer destaparlas.
Juntando todo este revuelto, hace unos días buscando en mi habitación encontré por sorpresa una credencial de cuando empecé el Camino del Norte con un amigo. Ese momento fue la chispa que encendió en mi cabeza la idea de porque no retomarlo por unos días, y dicho sea de paso, alejarme de mi entorno para simplemente desconectar de todo. Dándole vueltas me parecía una locura irme yo sólo a 500 km de casa a improvisar y ver que pasaba según me levantara cada día a caminar. Solo se lo dije a 3 personas, una de ellas, mi madre, claro. Creo que se tiene el cielo ganado con aguantar todos mis desvarios, pero también pienso que ya se está haciendo a la idea de que esta es la vida que me estoy construyendo y que me hace feliz y aunque le daba miedo me dijo que adelante.
Lunes 30 de abril, 12:30 horas. Y por fin, ahí estaba yo montado en un Alsa dando comienzo a esta historia. Después de pasar por Bilbo y tomarme un té, cojí otro autobús que me llevara hasta Castro, desde donde iba a retomar el camino. Eché el resto de la tarde haciendo la compra para cenar, y tomando fotos hasta que anocheció.
Martes 1 de Mayo. Salir de Castro ya supuso una aventura, me fié de una pareja que iba delante mía empezando el camino, y decidí seguirles creyendo que sabía por donde iban. Resultó que acabamos cogiendo un camino que ni de lejos era el que había que tomar, y tuvimos que deshacerlo hasta que encontré una flecha amarilla y decidí ponerme a andar rápido y dejarlos atrás para recuperar todo el tiempo perdido. Me centré en andar y después de horas sin cruzarme con nadie alcancé a una cuadrilla de Lumbier, un pueblo cerca de Artieda, y al que mucha gente le tenemos un cariño muy especial. Resultó que uno de ellos está conectado a mi vida más de lo que me podía imaginar, es el cartero que le reparte el correo a las hermanas. Me resultaron unos tipos peculiares, muy agradables y enseguida empezaron a cantarme las típicas canciones que a todo hijo de Guadalajara nos cantan cada vez que salimos fuera de la ciudad. Cuando ellos pararon a almorzar decidí que como me encontraba con ganas, después de casi cuatro horas sin parar, seguir mi camino, en el fondo me apetecía andar sin detenerme. Me fui cruzando con más peregrinos con los que charlaba un rato y les adelantaba para seguir caminando. Llevaría ya unos 23 kilómetros cuando por fin me paré a descansar 5 minutos, beber agua y comerme unos frutos secos. Lo mejor estaba por venir, la verdad e que el camino de ese día me estaba gustando, pero es que los últimos kilómetros antes de llegar a Laredo, donde finalizaba la etapa, fueron un regalo, subiendo montañas, caminando por acantilados, unas vistas que por momentos mejoraban a medida que el sol empezaba a asomar. Me quede sin palabras ante tal espectáculo. Estuve un rato grabando vídeos y haciendo fotos intentando que esas vistas se queden guardadas para siempre. Serian ya cerca de las tres de la tarde cuando llegué al albergue de las Trinitarias deje las cosas y me fui a comer. Por la tarde, me bajé a la playa a caminar por la orilla y me di cuenta que la etapa al habérmela tomado con tantas ganas de querer andar y andar, me había olvidado disfrutar del camino, punto uno, y punto dos estaba muy cansado y me dolían mucho las piernas por haber forzado tanto la maquinaria. En este momento, me replantee si realmente había merecido la pena no saborear toda la etapa por obsesionarme en querer ir deprisa. Aquí empezó a cambiar la historia de lo que iba a venir en las siguientes etapas.
Martes 2 de Mayo. Me levanté a las 6:50 quería empezar temprano para así poder ir relajado andando, poder ir compartiendo con la gente, saborear los kilómetros, grabar otra vez los paisajes, tomar más fotos de la gente y del camino. La etapa de nuevo me sorprendió, empezamos cruzando desde Laredo a Noja en una barca, y seríamos unos 25 peregrinos, por su puesto allí estaban mis amigos de Lumbier, y otros muchos que me había ido cruzando el día anterior. El día amaneció lloviendo cosa que no me importó para nada, me encanta caminar mojándome. Cuando bajamos de la barca me junte con un señor de Barcelona que ya estaba jubilado y quería llegar hasta Santiago, tuvimos una muy buena conversación hasta casi llegar a Noja. (Bueno la entrada a Noja es una pasada, me sentí como si volviera a estar caminando por Fisterra, lo mejor del día.) Como estaba empezando a salir el sol decidí que me apetecía quedarme a disfrutar de la playa, me despedí de este hombre y me quede medía hora solo, sentando, haciendo fotos y en ese rato tuve que hacer una llamada, la cual me costó demasiado, no en sí por el contenido, sólo tenía que dar información, si no por lo que supuso colgar y darme cuenta de sentía una gran ausencia dentro de mi. Es algo que tenía miedo que apareciera porque podía provocar de nuevo muchos terremotos internos, y efectivamente los provocó. Pero bueno superado este momento, a la que me iba a poner en marcha otra vez, ahí estaban mis amigos de Lumbier, empezaba a sospechar que esto tenía que ser un golpe de suerte, siempre que más solo me sentía aparecían ellos. Volvimos a caminar un buen rato juntos hasta que ellos se pararon a almorzar, como el día anterior, y yo decidí continuar. Al rato, me encontré con Patricia, una chica canadiense, brutal, nuestra conversación en español y en inglés fue algo genial, un tanto divertida por que a veces no nos entendíamos bien y solo nos acabamos riendo asintiendo que sería algo bueno. La verdad que ella estaba muy cansada, trate de tirar todos los kilómetros que faltaban para llegar a San Miguel de Meruelo animándola hasta que por fin llegamos y vi como le cambio la cara. Ella se quedo allí descansado en el alberque y yo decidí continuar. (Sí alguien vio el directo que hice en Instagram, era la chica que me encontré el primer día descansando y que aparece unos segundillos, y tal y como quedamos nos volvimos a encontrar pero está vez compartiendo camino). Acabé la etapa con dos super mamás de Barcelona que habían dejado a sus respectivas familias allí y en la semana que tenían libre estaban aprovechándola en hacer también el camino hasta Santander. Dos mujeres geniales que la verdad me trataron como si fuera hijo suyo, compartimos la tarde y la cena y la verdad es que no dejaron de sorprenderme, y de sorprenderse conmigo. Así acabamos el día.
Jueves 3 de Mayo. Tras lo bien que había dormido, lo guay que había sido la etapa anterior conociendo a tanta gente interesante, empecé la etapa solo por que salí el último, lo del madrugón del día anterior solo fue un espejismo, otra vez con llovía y otra vez el camino se guardó muchas sorpresas. Probablemente esta etapa la cuelgue en forma de vídeoblog, no puedo describir semejante belleza. Caminando me encontré con un chico que viajaba con su autocaravana por España y le acabe sacando una foto antes de despedirme de él (foto en mi instagram). Acabé la etapa con Patricia de nuevo, y con dos señores de Madrid a los que ya me había cruzado el primer día. Cruzamos juntos la bahía en barco hasta llegar a Santander y allí concluyó todo. Por la tarde me fui a ver el Centro Botín con la entrada gratis que me dio un peregrino de Madrid, con el que previamente mantuve una conversación super chula sobre el significado que encontrábamos en el camino y acabamos contándonos batallitas de todas las locuras que habíamos hecho andando. Por cierto, me volví a encontrar en el hostel con las mamás.
Viernes 4 de Mayo. Me traigo de vuelta mucha paz interior, paisajes infinitos, encuentros con gente que vive apasionadamente, una gran experiencia al haberme ido solo y a la vez haber estado tan acompañado por la gente de allí y por todos los que se preocupaban desde la distancia. Pero sobre todo felicidad, mucha felicidad de poder estar construyendo mi vida en torno a tantas historias buenas.
Agur camino. Agur Norte. Agur amigos.
P.D.: Ultreia es un saludo entre peregrinos del Camino de Santiago. Viene a significar "Vamos más allá".
P.D. 2: Y es que andando yo me pongo bien, la vida va mucho mejor.
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